La envidia me empujó hacia la ventana ////

Mis colegas de cuadernos y lápices subían sus maravillosos dibujos de esta famosa esquina. Por  motivos ajenos a mi voluntad, no pude acompañarles en las quedadas. Así que tenía verdadera necesidad de subir a este sitio para dibujar. Puedo afirmar que la envidia me empujó hacia la ventana.

Por fin subí. Era viernes por la tarde y el lugar estaba abarrotado de gente fotografiándose con la ventana detrás. Me senté en la silla más cercana e intenté observar la fantástica vista trazando líneas mientras se enfriaba el té. El té se enfrió tanto que tuve que pedirme un gin tonic para acompañar. Tenía ganas de asesinar (con cariño) a los turistas tapa-vistas. ¡No se quitaban ni espantándolos!

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