Lugares de la infancia

Mis recuerdos infantiles viven en estas rocas. Los recuerdos más claros están cristalizados como el cuarzo incrustado en la propia piedra. Los recuerdos menos nítidos resbalan por el musgo y se aferran a las ramas de robles y castaños agitados por la brisa del valle. Se quedaron aquí jugando para siempre.

Recuerdo el olor a tierra húmeda del musgo. Me encantaba tumbarme y sentir la piedra caliente por el sol y el frío que mantenía durante todo el día el granito en las zonas azules de umbría.

Mi hermano y yo éramos apaches rebeldes que vivíamos en las rocas y teníamos poderes mágicos. Podíamos adivinar cuando iba a llover o esperar inmóviles horas hasta que un lagarto asomase su cabeza verde por alguna grieta. Desde la roca más alta oteábamos el valle como águilas, vigilando un espacio de miles de hectáreas.

Ahora mis hijas y mis sobrinos suben a jugar a las piedras pero no tienen poderes. No entienden el lenguaje de las rocas porque no han dejado que la energía atraviese sus átomos y células.  Deberían probar, solo hay que subirse a las rocas y dejar que el agua del musgo, el granito, el sol y el viento te abracen el alma…

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